El
libro de la felicidad, obra
exquisita

Este
Sultan hizo hace un
manuscrito ilustrado que se llamo el libro de la felicidad,

La
decoración de esta
página de un Libro de Horas francés, incluye una miniatura,
letras capitales
decoradas y bordes.

La
importancia de estas
obras está no sólo está en su valor artístico e histórico,
sino también en el
mantenimiento del complicado alfabetismo medieval. De no
haber sido por los
escritos de la Antigüedad
tardía, el contenido entero heredado de la literatura
occidental, de Grecia y Roma,
habría desaparecido. La existencia de los manuscritos
ilustrados como una forma
de dar importancia y conmemoración a los documentos antiguos
pudo haber sido,
en gran parte, una necesidad de preservación en una época en
la que las hordas bárbaras
habían arrasado la Europa
continental.

A principios
de la
Baja Edad Media los
manuscritos comenzaron a ser elaborados en papel. Los
primeros libros impresos
fueron a veces confeccionados dejando espacios para
miniaturas, o letras
capitales decoradas, o decoraciones en el margen, pero la
introducción de la imprenta
contribuyó al rápido declive de la ilustración. Los
manuscritos ilustrados
continuaron produciéndose a principios del siglo XVI, pero
en cantidades mucho
más reducidas, sobre todo para los más pudientes.
Los
manuscritos ilustrados
son los textos sobrevivientes más comunes de la Edad Media.
Ellos son
también los mejores ejemplares sobrevivientes de pintura, y
los mejores
preservados. De hecho, en muchos lugares y por mucho tiempo,
fueron los únicos
ejemplos de pintura que perduran.
En la
segunda mitad del
siglo XVI los dominios del Imperio Otomano se extendían
desde Budapest a Bagdad
y desde Omán y Túnez a la Meca
y Medina, abarcando ciudades tan importantes como Damasco,
Alejandría o El
Cairo. Los turcos además controlaban la Ruta de
la Seda ,
el Mar Negro y la mitad oriental del Mediterráneo. El sultán
gobernaba el
imperio desde Constantinopla, donde arquitectos, pintores,
calígrafos, joyeros,
ceramista y poetas trabajaban a su servicio. Nieto de
Suleyman el Magnífico,
Murad fue un sultán culto y sibarita, un gran mecenas del
arte y en gran parte
responsable del importante desarrollo de la pintura turca
otomana del siglo XVI
e inicios del XVII, considerado el periodo más fecundo en la
disciplina. Su
reinado también estuvo marcado por las continuas guerras con
Irán y los estados
cristianos europeos.
El
sultán Murad III estaba
completamente absorbido por la intensa vida política,
cultural y sentimental
del harén. Tuvo 103 hijos, de los que sólo 47 le
sobrevivieron. En concreto,
encargó este tratado de la felicidad especialmente para su
hija Fátima. Murad
murió en el Palacio Topkapı de Constantinopla en 1595
El
Libro de la felicidad
contiene detalladas descripciones de las características
personales de los
nacidos bajo cada uno de los doce signos del zodíaco. Para
ilustrar estas
descripciones se muestra una serie de pinturas que
representan distintas
situaciones del ser humano según la conjunción de los
planetas, unas tablas de
concordancia fisonómicas, otras para la correcta
interpretación de los sueños y
un enigmático tratado de adivinación con el que cada cual
puede pronosticar su
suerte.
El
manuscrito es un
inmejorable testimonio del mundo oriental de la época,
poblado de misteriosos
personajes con extrañas poses, exóticas vestiduras de
vistosos colores, lujosos
palacios y mansiones, mezquitas… También abundan animales
exóticos como los
pavos reales y las serpientes marinas, además de numerosas
aves cuyo dibujo
estilizado revela una notable influencia de la pintura
japonesa. Hay además una
sección dedicada a los monstruos, demonios y bestias del
imaginario medieval
turco.
Murad
III, admiraba los
manuscritos iluminados y encargó este "tratado de la
felicidad" para
su hija Fátima.

Fuentes:
No hay comentarios:
Publicar un comentario